Cuando las luces del terror incendian la noche de Oriente...
Me pregunto cómo estarás, qué harás con tus gatitos, si te esconderás en ninguna parte, si los escombros te sepultaron, si llegaste a mirar las flores del jardín por última vez, o si las nubes de humo y pólvora te lo negaron.
Me pregunto si en el aire queda olor a carne quemada y pelos chamuscados, si algún libro de las bibliotecas quedó en pie, si las mascotas sobrevivieron, si no quedó en la mesa una tacita de té.
Me pregunto qué estabas haciendo justo en ese momento cuando el día se hizo noche, o cuando la noche se hizo día y la luz te encegueció, envolviéndote en una blanca mortaja.
Me pregunto qué sentirá la piel al escuchar los aullidos de horror, las estridentes voces de socorro y las muecas dolor; los estruendos que traen esos silbidos lejanos.
Me pregunto, si alguna vez te vuelvo a encontrar, si serás la misma que se me acercó una tarde asfixiante de calor bajo los eternos muros de la Ciudadela de Karim Khan.