In Anima Veritas
La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector
jueves, 27 de agosto de 2026
lunes, 24 de agosto de 2026
Cada noche es un sendero sinuoso y raído por el tiempo,
entre las sombras de los recuerdos,
entre las nieblas de los pensamientos.
Cada noche es una casa desconocida,
entre personas sin rostro,
entre bailes que no comprendo.
Cada noche es una montaña escarpada,
entre gélidos desfiladeros de acciones erradas,
entre valles bañados por la cálida luz de la mañana.
Cada noche es una ciudad perdida,
entre multitudes que me abrazan,
entre edificios que me observan.
Cada noche es una puerta entreabierta,
por la que la luz se asoma tímida,
por la que se escucha la vida de fondo.
jueves, 13 de agosto de 2026
Caída mítica de Buenos Aires
Desde la ventana empañada el barrio parece una pintura impresionista, los colores grises del cielo se confunden con la vivacidad de la vegetación. La lluvia en pequeñas gotas, ínfimas, es incesante, un vaho, una exhalación de la atmósfera. El nivel del agua sube con paciencia e inunda las calles, manzana por manzana. Primero llega hasta las veredas, luego casi hasta las entradas de las casas, las rejas, los pasillos. Los vecinos, sin dudarlo, sin sorpresa y con resignación, suben a sus improvisados botes y navegan los canales del conurbano con la habilidad de los gondolieri.
Atrás queda el pastizal, los humedales ganaron el terreno perdido. Lo que otrora era un infinito horizonte verde, hoy es una gran laguna navegable. La Pampa es como un mar dijeron una vez, hoy la literalidad encarnó esta realidad.
Abyectos corsarios aguardan en las esquinas más desoladas para desvalijar a los botes mercantes, almacenes flotantes. Los gatos se habituaron a las rutas de los techos y logran con facilidad moverse por las aisladas manzanas. El consumo de peces contaminados reemplazó a la noble carne pampeana, las vacas no saben nadar. Se mezclan las cloacas con el agua mientras la ciudad se sumerge en la oscuridad.
Diluvia, llueve, llovizna, garúa. El agua llegó y el agua nunca se fue. El sol es sólo un recuerdo, una vaga remembranza de otras épocas, de otra Argentina, aquella que tenía el sol en el medio de su bandera.
Buenos Aires cambió su fisonomía: La sofisticada Reina del Plata yace mórbida por las aguas cloacales, sudada, ahogada. Sus gritos subacuáticos son ecos, rumores que se confunden con el ritmo estentóreo de los motores de lanchas y catamaranes que colman las avenidas.
El agua corre como una bendición que limpia las entrañas de la ciudad. El agua corre como un castigo bíblico que azota a la corrupta Cacodelphia. Los lascivos hombres de traje no abandonan sus mañas de lupanar, mientras ávidos escruchantes aprendieron buceo para culminar indemnes sus trabajos. La policía encontró edificios ruines y abandonados para continuar con sus tramoyas. Los grises oficinistas y operarios apuran las brazadas de sus humildes embarcaciones para no perder el presentismo. Algunos emprendedores ya adecuaron las estrategias para el provecho de sus negocios con el nuevo Delta.
Buenos Aires sumergida eternamente como la nueva Atlántida, yace en las profundidades del fangoso Río de la Plata que de tanto olvido se enfureció transformándose en mar.
martes, 21 de julio de 2026
Oda a las yungas
El aroma fresco de la húmeda arcilla y el rocío matinal;
Fragancias dulces de las entrañas de tu jungla.
Tierra negra que se escurre suave entre mis dedos;
Mis pies se refrescan en la caricia de tus arroyos;
jueves, 18 de junio de 2026
Escribo sobre lo Innominable
miércoles, 10 de junio de 2026
Un camastro, una cinta en el piso, tubos y cables.
Hora de la alimentación. Engulló la comida del tubo, una pasta inodora y marrón, hasta saciarse.
Hora del entrenamiento. Trotó por la cinta del costado unos cuantos minutos, luego flexiones, luego abdominales. Era requerido estar en buena forma física.
Hora de la reproducción. Estímulo automático para depositar el simiente en los tubos especiales.
Hora del reposo. Se volvió a acostar en el camastro, el sueño vino sin demasiado esfuerzo, casi como un automatismo.
No hay un vestigio de placer, de sentimiento ni de abstracción. El cerebro se desacostumbró a pensar.
Las instalaciones eran controladas con minuciosidad para evitar que las enfermedades puedan propagarse, y también para evitar que se despierte esa chispa primal que puede engendrar una rebelión.
Lo que lo controla no es humano.
Humano, palabra en desuso, concepto arcaico, seres anacrónicos.