La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

miércoles, 1 de abril de 2026

 Algunos recuerdos traen consigo una sensación de un sosiego pretérito, extinto; como un resabio lejano de un perfume de azahar, o como la tenue luminiscencia que brota del fondo de un túnel extenso como el tiempo. Son apariciones vívidas como un desvarío, un período de lucidez, entre tanta inextricable realidad, tan verídicas como un hecho incontrastable. Se pueden ver sin mirar, simplemente surgen frente a los ojos huecos de cotidianidad.

El paisaje verde de un jardín mientras el sol baña las hojas, el zaguán antiguo y una pesada puerta de madera con remaches negros. Un domingo al mediodía, mientras suena un tango taciturno, mientras los aromas caseros efluyen y se escapan hasta la vereda. Se observa como si fuera un film, como si se pudieran adivinar los movimientos de los habitantes perecidos pero atrapados en el tiempo, en un momento que nunca fenece.

viernes, 6 de marzo de 2026

Cuando las luces del terror incendian la noche de Oriente...
Me pregunto cómo estarás, qué harás con tus gatitos, si te esconderás en ninguna parte, si los escombros te sepultaron, si llegaste a mirar las flores del jardín por última vez, o si las nubes de humo y pólvora te lo negaron.

Me pregunto si en el aire queda olor a carne quemada y pelos chamuscados, si algún libro de las bibliotecas quedó en pie, si las mascotas sobrevivieron, si no quedó en la mesa una tacita de té.

Me pregunto qué estabas haciendo justo en ese momento cuando el día se hizo noche, o cuando la noche se hizo día y la luz te encegueció, envolviéndote en una blanca mortaja.

Me pregunto qué sentirá la piel al escuchar los aullidos de horror, las estridentes voces de socorro y las muecas dolor; los estruendos que traen esos silbidos lejanos.

Me pregunto, si alguna vez te vuelvo a encontrar, si serás la misma que se me acercó una tarde asfixiante de calor bajo los eternos muros de la Ciudadela de Karim Khan.


sábado, 28 de febrero de 2026

Es difícil describir la sensación de caminar por las calles de Estambul, cada recoveco esconde profundas historias que intangibles vencen al tiempo y a los vicios de la memoria. El Mármara y el Bósforo son omnipresentes en su paisaje, el Cuerno de Oro se abre con su majestuosidad. Las gaviotas son los personajes principales del cuadro, merodeando a los eternos pescadores apostados sobre el puente, persiguiendo a los barcos como presas. Escaleras, callejones estrechos, mezquitas, sinagogas e iglesias; todos sus rincones poblados por simpáticos felinos, acostumbrados a la calle, al tránsito de los tranvías, los automóviles y la gente. 

Adentrándose en el Mármara las Islas del Príncipe, llamadas Adalar por los locales, término que simplemente significa islas en turco. Büyükada, Heybeliada, Burgazada, Kınalıada, Sedef, Yassıada, Tavşan, Kaşık, y Sivriada; cada una con sus bosques, sus playas, sus puertos, sus pequeños pueblos donde habitan pequeños restaurantes de madera y mínimos cafés animados en las tardes de verano.

El relieve de la ciudad es un antónimo de mi llanura pampeana: aquí, las calles forman meandros que suben y bajan, algunas incluso no son otra cosa que escaleras que conectan los desniveles. Caminar es más cansador pero sumamente más atrapante, hipnótico.

La arquitectura es ecléctica, genoveses, bizantinos, armenios y otomanos brindaron su impronta. El cruce entre Oriente y Occidente, la ciudad de la eterna contradicción, donde hay minifaldas y velos.

El llamado al rezo resuena en todas las calles, se pierde en las bahías mientras el sol se esconden. Algunos viejos se apresuran para llegar a las mezquitas, otros jóvenes ni se inmutan. El humo del cigarrillo pulula por todos lados, mientras parroquianos toman çay y juegan a las cartas en un local perdido.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Azucenas y crisantemos

    Como una leve brisa de aire, entran en mis pensamientos memorias de una casa rural, paredes de adobe y techos de paja. El pastizal pampeano se perfila en todo el cuadro, mientras que al fondo se asoma discretamente la laguna. 
    Apoyo mis codos en el alféizar de la vieja ventana mirando hacia el horizonte, la habitación donde estoy sólo tiene luz natural y el calor es abrasador. Un perfume horrible de azucenas y crisantemos me asfixia, las flores son para disimular los efluvios de la muerte. 
    Me vuelvo hacia el interior, se abre la habitación ante mí y el escenario es desolador: el ataúd, la mortaja, un rostro lívido otrora humano, dos señoras entradas en la vejez enteramente vestidas de negro; en los rincones hay azucenas y crisantemos. 
    No queda casi nadie en la casa, sólo ellos y yo; yo, que soy un espectro más; yo, que soy un intruso en un recuerdo ajeno; yo, que viajo entre los vahídos del ayer; yo, que estoy atado a la nada.
    Son sólo memorias de escenas que nunca existieron, o tal vez existan porque yo, un mendigo de los sueños, las estoy contando. 

lunes, 29 de septiembre de 2025

En la frágil tela de la realidad se sostiene el presente, permeable por su infinitud porosa, donde penetran los fulgores del pasado que azotan sin piedad a la memoria colectiva. La capa terráquea se cimienta en el polvo, los huesos, la podredumbre de la historia que renace en cada fuego fatuo. Los minerales conforman la pura riqueza de la corteza, así también la historia fluye como el magma en las entrañas del mundo, nutriendo cada micelio que nace y se ramifica desde cada ser vivo. No hay devenir que sea en vano, no hay derrotero de vida que no desemboque en el mar de la existencia. La razón del movimiento no responde nuestras incógnitas, el misterio está en manos empíreas, los arquetipos se esconden a nuestros humildes ojos: pasado, presente, futuro en una recta infinita.

jueves, 14 de agosto de 2025

Límbico

 

Hay un solo sueño que recuerdo vívidamente desde hace treinta años: Me despertaba en mi cama y, como el niño que era, iba hacia la habitación de mis padres por temor a la soledad nocturna. Al entrar en ella, me encontraba con una orquesta de muñecos vivientes y seres estrafalarios, todos se volteaban a mirarme; allí me desperté nuevamente, esta vez fuera del mundo onírico.

Hoy, treinta años después, en mi joven adultez, encontré esa escena filarmónica en un cortometraje que vi en un museo: el fondo era completamente negro, como si la escena se sostuviera en el perpetuo vacío, y allí una variedad de personajes miniatura, muñequitos y animalitos humanizados, llevaba a cabo una orquesta musical.

El director era un lobo y una energía cinética transfiguraba rápidamente a los personajes, músicos de un salón etéreo, inefable. La música barroca de la orquesta llenaba mis oídos, mientras miraba absorto la teatral escena.

¿Quiénes son los Absurdos que se entretienen con mis destino?

Los fantasmas de mis sueños rompen la pared de la irrealidad, asaltan el mundo terrenal.

En el interior de la masa blanda y acuosa de nuestros cerebros, de profundis surge inteligible la Razón fundamental del todo, que trasciende los cognoscible.

En algún punto recóndito se esconde el secreto que en los sueños se deja entrever, que nos habla desde sus tinieblas, que se comunica cifradamente, que nos negamos a ver.

sábado, 19 de julio de 2025

Siesta en el bosque

El cuerpo se recuesta en el suelo del bosque como si fuera una cama; 

Un lecho vegetal de hojas muertas y ramas;

El cuerpo se hunde, se descompone, se convierte en compost;

 Los animales pasan por encima, los insectos lo caminan;

Los ojos siguen abiertos, observan atentos el acontecer: la vida, la muerte, lo que florece, lo que se marchita, la lluvia, la sequía, el día, la noche;

Los ojos inmarcesibles, sempiternos, observan la devastación de la natura, el hambre voraz de la voluntad destructora, los tiempos de oscuridad eterna y, de repente: el cosmos.