La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

jueves, 27 de agosto de 2026

 Te llamo, te susurro, y el sonido de mi voz recorre todas y cada una de las calles y avenidas de Garbatella. Estás durmiendo en tu departamento de los viejos edificios comunitarios, con sus colores ocres que contrastan con el verde de los jardines. Te despertás como un autómata y caminás descalzo por las desiertas calles de la periferia romana. En trance sereno, tus pasos suaves son apenas perceptibles en el camino. Sin dudarlo te dirigís hacia el norte, hacia el barrio de Testaccio, donde las viejas ánforas de vino se acumularon, se cubrieron de tierra y formaron un monte. Llegando al Cementerio donde están enterrados Keats y Shelley me ves, al fondo del camino, como un espectro te espero. Mientras atravesás lápidas y mármoles, sepulcros donde nocturnos felinos se acurrucan, te sigo con el sosiego de mi mirada. Me ves inmóvil, pétreo, sonriente.
Cada noche te espero y te abrazo como si nunca fuera a soltarte. Cada noche te llamo y mi voz se mezcla con el viento que acaricia las hojas de los árboles. Mi voz como un canto resuena en la vieja Roma.

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