La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

lunes, 24 de abril de 2017

Nuestro...



Así es, metete en mi cuerpo, mirá con mis ojos  ¿Te ves? Mirá la penumbra, sólo oscuridad, nada más. Un destello, una pequeña luz, un cigarro que se enciende, tu figura se dibuja, la silueta de tu rostro ¡Salgamos de esta lobreguez! Al sol o a las estrellas, salgamos. Acostémonos en el pasto, quedate ahí, mirando al cielo, mirando la inmensidad, nuestra inmensidad. Conquistá esa belleza, conquistá lo sublime, sólo con la mirada ¡Embriaguémonos de tanta realidad!

martes, 28 de febrero de 2017

Praha

Me encuentro caminando por un callejón de Praga bajo un viento nival que me roza las mejillas. Al llegar a la Avenida Narodni tomo el camino hacia la izquierda, a unas cuadras me sorprende el Morava, me embelesa el ambiente nostálgico del paisaje. No hago más que sentarme y beber un poco de la botella en miniatura de vodka que llevo en un bolsillo para aliviar un poco el frío. Necesito caminar, un paseo hasta que la noche envuelva la ciudad, necesito perderme una y otra vez en Mala Straná, y que mis sentimientos fluyan por las calles, se pierdan en alguna esquina. Necesito que la noche encierre mis pensamientos, que se desvanezcan en la penumbra.
El aroma del Glüwhein al estilo bohemio se escapa de algún bar, llega hasta mí, me sosiega. El invierno me invita a su lado, la contemplación de un paisaje de naturaleza muerta, castigada por el frío, el humo de las chimeneas en los edificios por toda la ciudad, los mantos de nieve por las calles, el agua helada del Morava. El invierno y sus gélidas caricias, mi corazón es una lumbre en medio del temporal.

Los tranvías recorren la ciudad, otorgan una belleza particular a las calles. El ambiente, sin embargo, es bello y opresor a la vez. Lo sublime de la Reina de Bohemia, la magia en cada en rincón. Necesito Praga.

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lunes, 27 de febrero de 2017

De las formas en las cuales se expresa El Alma

I.
Si Usted es un ciudadano común y corriente, que no observa más allá de las formas, quizás no la pueda apreciar. Esa luz, ese espectro que nos habita se expresa en nuestro cuerpo, lo incorpóreo se materializa. 
Quien pueda detenerse a observar lo que para otros no son más que un par de ojos, esféras blanquecinas de cristal, con un centro negro circundado de diversos colores, podrá notar que la mirada que ellos forman son una ventana hacia el interior. Un hueco para observar la Eternidad, lo Inefable que existe detrás de cada cuerpo, extremo físico y descartable del Ser.
Así, también podemos notar, en los rostros, una abertura en forma horizontal en la parte inferior. Su mayor utilidad no es permitir la ingesta de alimentos, la funcionalidad y la belleza de su existencia se encienden cuando El Alma se apodera de ella y la transorma en una sonrisa. Refulge la integridad de nuestro cuerpo con una sonrisa, contagia, transmite y se vislumbra El Alma.
Hay que aprender a mirar más allá, a lo trascendente, a lo Eterno, a lo Inmortal...
Hay que aprender a mirarnos El Alma...
Puedo ver un Universo en tus ojos,
Toda tu historia se exhibe ante mí,
La mirada nunca miente...

II.
Desconfío de la gente que no sonríe,
Desconfío de la gente que no me mira,
¿Por qué se esconden?
¿Por qué no se desnudan?
Me envuelve el éxtasis del vino, me desnuda,
Sonrío, abrazo y los miro...

En el Alma está la verdad...

sábado, 18 de febrero de 2017

Adentros


Sigo las huellas de mis pasos, una y otra vez, camino sobre ellas. Entre la bruma y la infinita oscuridad extiendo mi brazo, acaricio la fría humedad de las paredes, recorro mi encierro. Los caminos se abren, se cierran, terminan en abismos. Oigo el rumor de mi voz de fondo, ininteligibles formas sonoras que se pierden en la brisa, en la extensión de las penumbras. La cúpula sobre mi cabeza, tan eterna, tan inmensamente negra con el pequeño candor de los astros. La única salida a este laberinto, los astros, hendijas en la noche que se abren al fulgor de mi edén. Necesito volar, necesito atravesar la noche y los cielos, llegar a mí…

martes, 24 de enero de 2017

Cosmos



La ínfima melodía de mi existencia, mis latidos, mis cantos y mis llantos…
¿Se escucharán casi imperceptibles en los confines del Universo?
Sólo soy una pequeña gota de vida frente a la inmensidad del Todo,
El Ser trasciende las fronteras de lo perceptible por el Hombre,
Abstracciones, formas incorpóreas espasmódicamente deambulan en la oscuridad de las estrellas.

Nosotros, somos pequeños fulgores danzantes en un espacio sin Tiempo, en una Eternidad,
Nosotros, somos creación y transformación…

jueves, 3 de noviembre de 2016

Bermúdez 2651

Es una de esas impresiones que nunca podré borrar de mi cabeza, es una de esas imágenes que siempre van a reincidir en el ocaso de mi conciencia, es uno de esos olores que van a quedar impregnados en mi olfato, es uno de esos sonidos ambientes que se van a aparecer sin pedir permiso en todas y cada una de mis pesadillas.
Los muros de moho, las caras grises, los rostros largos, el encierro se siente apenas entrás. Una pesada puerta se abre, una pesada puerta con barrotes se cierra y ¡Prruuum! Rostros, figuras, sombras tras las rejas. Almas, personas, humanos. Perfumes del encierro, perfumes humanos, perfumes del hastío. Unas jetas de la estructura punitiva y maliciosa se sonrojan ’’ ¡Já! ¡Primerizos, asustados!’’, Pensarán. ‘’ ¡Já!, Tu humanidad la dejaste con el traje’’, pienso yo.
Ingreso al pabellón, ranchos,  ánimas, ánimas en pena, acuden en auxilio, en busca de mi perpleja existencia ante tal apesadumbradas sensaciones que exhalaban en cada respiro. Buscan unos ojos, buscan unas orejas, buscan libertad. La dignidad espantada de los muros nunca logró penetrar por el portón de la calle Bermúdez. La miseria, malvada, se regodea y se pasea por todos los recovecos.  
Mugre, mugre y gritos, mugre y llantos. Sollozos del pasado, sollozos del ayer, se siente su presencia, la de los miles y miles que la habitaron. Dejaron su vida, su dignidad, su humanidad. Dejaron sus marcas, en los muros, en los colchones. Y se llevaron consigo la marca de los muros, las marcas del encierro.
Tormentos, nada más, tormentos sólo hay ¿Qué ingenuo puede pensar en el inconducente consecuencialismo positivo de tal lugar? Encierro, sistematización, deshumanización.

Más allá de todo mal está la dignidad…

sábado, 24 de septiembre de 2016

Un día...

Sin duda que los tornillos en mi cabeza me aprietan, es como una jaqueca constante.Yo mismo me lo busqué, yo mismo me los puse. Sangran las imágenes, sangran los paisajes a lo lejos, idílicos para mi cabeza atornillada. Me pierdo en los humos de esta ciudad, como un autómata más camino, sangro y camino, como todos los demás. Cada vez que me levanto de la cama, cada día, cada nuevo sol, los malditos fierros se ajustan un poco más. Una cola, una espera, un colectivo, un tren, unas escaleras, encierro, puertas, pasillos, nuevamente la calle, ¡Un culo! Pero... ¿Qué culo? ¿Dónde están los ojos?  ¿Dónde están sus malditos ojos? Cierto, no hay. Los autómatas sólo tienen esos ojos inanimados, como de muñeca de porcelana, no dicen nada, no miran, no me miran.
Paseo por las calles, mis ojos ven, mis oídos escuchan, más allá de los tornillos, yo veo los únicos ojos que me miran, quizás para pedirme comida, dinero o para robarme, pero me miran. No son fantasmas. Los transeúntes pasan, no los ven, los atraviesan, como fantasmas.  Yo prefiero la autenticidad, aunque venga en forma de muerte.
Vuelvo, el paraíso, el calor afloja los tornillos, calor humano y no lo veo. Mis ojos se vitrifican, un autómata, me encierro en el cuerpo de un autómata, me encierran. Estoy atrapado, estoy adentro de un cuerpo inerte, un calabozo. Golpeo la puerta, quiero salir. Humo, humo y fuego para quemar las rejas, para derretirlas. Sangro pero vivo, sueño, sólo vivo si sueño…