La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

martes, 18 de diciembre de 2018

Inspiraciones



I.
A veces me viene la inspiración para  escribir en momentos inadecuados, entiéndanse los mismos a través de la siguiente enumeración:
1.       Estando en la ducha;
2.       Teniendo sexo;
3.       Manejando mi auto en un embotellamiento;
4.       Estrujado entre la gente en un transporte público;
5.       Mientras vomito en algún callejón perdido por obra y gracia del alcohol;
6.       En una reunión laboral;
7.       En el cine;
8.       Mientras me afanan en la calle.
II.
Aún siento el aroma de los recuerdos infantiles que me sobrevienen en las mañanas de estío perfumadas por los tilos. El paisaje del barrio me transporta inevitablemente y vuelvo a ser inocente sintiendo una felicidad casi plena. Desconozco mis penurias por un momento, elevándome sobre las callecitas, sobre las viejas que van de compras (de las cuales cada vez quedan menos) y veo desde arriba el viejo Sur, con las calles rotas, las casas despintadas. Suena un bandoneón en un pasillo, y más allá Callejeros. El humo del asado sale de atrás de una casa. En diciembre los domingos tienen otro color. He ahí, repentinamente encuentro a mi musa. Sur…

lunes, 3 de diciembre de 2018

Pasillo



Se sienta en el pasillo, cruzado de piernas, postura del indio, contemplativo. El viento y sus ráfagas asesinan el silencio, dejando un rumor sostenido y espectral. Las paredes angostas del pasillo, la pintura descascarada muestra la desnudez del cemento. Al fondo, las plantas, el verde bailando al compás de la brisa brinda una tétrica melodía natural. Hojas perennes, flores inmarcesibles adornan el camino de piedras sobre la hierba, por el cual aparecen alegres las gatas. Colas paradas, miradas rozagantes, paso ligero. Se avecina la tormenta junto con las felinas, se dirige todo hacia él, vórtice, punto de fuga, demiurgo de este mundo. Allí, en su pecho, nacen y mueren las cosas, comienzan y finalizan las líneas que componen el cuadro, el Todo y la Nada, el Tiempo. ¡Oh, el Universo en tu pecho! Pensamiento hecho carne, abstracción del Yo materializándose en tu cuerpo. Ese pasillo es tu vida, estrecha, firme, directa. Un corredor gastado, las gatas jugando, tu mirada fija en un punto lejano, tu cuerpo inmóvil, atónito. El Instante y una Eternidad se construyen a tu alrededor en el viejo corredor. El pasado, el presente y el futuro en tus ojos perdidos. Tu Alma es un mundo.



jueves, 29 de noviembre de 2018



¿Es mi pecho el escenario de cruentas batallas que me hunden en el desasosiego?
Las soledades se reavivan en las llamas de mis noches,
Los faros de mis angustias que se encienden,
Se despabilan los fulgores de mi turbación en el reposo de mis penumbras,
Son meras quimeras nocturnas, intrascendentes,
Aunque inquietan las aguas de la existencia,

Cártago descarga su furia en mi cuerpo,
Roma no cae, sucumben los peones,
Las heridas se abren en la tierra,
La sangre baña los campos y se sumerge en el Tíber,
Pírrica victoria de mi alma,
¿Hasta cuándo será?

viernes, 16 de noviembre de 2018

El arrabal y el tiempo



Esta mañana del conurbano, a la sombra de un tilo,
Con la lumbre del sol abrasando,
Y las viejas que pasan caminando,
Las viudas del barrio en vilo,

Cuando lejos del arrabal estoy,
Me sobreviene el hastío,
Mi alma carece de brío,
Añorando las calles voy,

El tiempo desanda las esquinas,
Ya algunos rostros se cubrieron de amarguras,
Otras ánimas desaparecieron sus figuras,
Mientras las rosas adornan las lápidas del cercano cementerio con sus espinas,

Hoy me fundo en mis veredas,
Para confundirme en las escenas,
Del barrio viejo circundado por verbenas,
Y por la plazoleta,  me acuesto, sin temor a las púas, en sus rosaledas,

martes, 13 de noviembre de 2018



I.
Hoy contesto y me elevo,
A sórdidas y ciegas morales de traje gris
Hoy me interpelo, me sublevo,
Desde pasillos con poca luz, paredes roídas y cuerpos desnudos,
Hoy a la normalidad me rebelo,
No le temo a las caretas con mohín,
Hoy contesto y me elevo.
II.
Me saco la camisa, la corbata, los pantalones, me acuesto desnudo;
A las manos de otros me entrego, vulnerable;
No ejerzo más el poder, esa máscara repulsiva;
No soy nadie, sólo un cuerpo;
Soy débil frente al placer de unas manos venerables;
¡Apoderate de mí, Lilith, no soy más que una rueda de este engranaje!
III.
¡Ah, luz de nuevo!
Ahora el sosiego, la calle tumultuosa, las gentes, sus caras de prisa;
¡Ay, de mí! Débil alma que camina sin pesadumbre, contempla, observa;
¡Mueran los monstruos de la razón y entréguense al placer!