En noches como estas, cuando la sangre quema, me recuesto en
el pavimento caliente, boca arriba y cierro los ojos. La atmósfera pesada, el
vaho del estío, me abrazan, abrazan a mi cuerpo que flota mientras la música de
la ciudad despierta. Arde vivir, arde sentir, arde respirar. Mi propia
existencia me somete, me oprime, el peso del ser. No tengo escondite, no tengo
a donde huir de mí. En noche como estas me convierto en letras, en palabras, no
tengo otra opción.
La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector
lunes, 28 de enero de 2019
domingo, 23 de diciembre de 2018
La plazoleta de Zamora es mi Sacre Coeur;
Centenario mi Montmartre;
Pasan las motos, pasan los autos;
Se escuchan tiros a lo lejos;
A media cuadra a la izquierda veo el eterno cementerio,
A la derecha los tilos y el boulevard;
Ya no hay nadie;
Yo con una lata de birra,
La brisita fresca de diciembre,
El viento que trae el aroma de la tierra sepulcral,
Ya nadie camina,
La noche me encierra,
Con la locura me traslado fuera del barrio;
Estoy liviano viajando en los aires,
Navegando el Rin, navegando el Tíber,
En las elevaciones del Himalaya se encuentra mi espíritu,
Mi cuerpo en el arrabal, los grillos que me hablan,
Las flores de tilo que me bañan en su perfume,
Es verano, es Sur, el barrio;
Esto no es París, es el Rio de La Plata,
me embarro las alpargatas,
habito las calles, amo a la gente,
El barrio es mi Walden
El barrio es Lo Salvaje...
Centenario mi Montmartre;
Pasan las motos, pasan los autos;
Se escuchan tiros a lo lejos;
A media cuadra a la izquierda veo el eterno cementerio,
A la derecha los tilos y el boulevard;
Ya no hay nadie;
Yo con una lata de birra,
La brisita fresca de diciembre,
El viento que trae el aroma de la tierra sepulcral,
Ya nadie camina,
La noche me encierra,
Con la locura me traslado fuera del barrio;
Estoy liviano viajando en los aires,
Navegando el Rin, navegando el Tíber,
En las elevaciones del Himalaya se encuentra mi espíritu,
Mi cuerpo en el arrabal, los grillos que me hablan,
Las flores de tilo que me bañan en su perfume,
Es verano, es Sur, el barrio;
Esto no es París, es el Rio de La Plata,
me embarro las alpargatas,
habito las calles, amo a la gente,
El barrio es mi Walden
El barrio es Lo Salvaje...
miércoles, 19 de diciembre de 2018
Caminar
I.
Meditabundo por los senderos me adentré en el bosque de
talas. Un vago resplandor se escabullía por los huecos azules que se formaban
entre el firmamento de hojas y ramas. Así, absorto fugándome de las voces de la
ciudad, encontrándome ante la inmensidad, en lo salvaje, en la libertad plena.
Caminando por horas, caminando por días, caminando sin tiempo. Respirando
profundo ¡Que se llene de oxígeno mi sangre y que recorra cada recoveco de mi
materia! Librándome al fin, sanando mis heridas, siguiendo a Thoreau, siguiendo
a Emerson, buscando lo sublime en cada brisa perfumada de natura, encontrando en mí lo agreste, sólo entre la hierba y la humedad del bosque. Con los ojos
bien abiertos, una vez que desterré a mi ceguera la luz me encandiló, pero nunca
se puede volver a la oscuridad. Los plantas vivaces, el verde perenne, los
colores de la vastedad de la tierra. Los grandes campos que se extienden aún
hoy, sobreviven al humo de la muchedumbre. Como una flor inmarcesible me rebelo
ante mi adversidad.
II.
Quiero arrancarme la sociedad de la cara, quiero quedar desnudo frente a los bosques. Contemplando a los animales y al monte. Quiero nadar en los ríos para lavarme la suciedad, la inmundicia. Quiero correr libre, desatar mis pensamientos, dar rienda suelta a mi locura. Quiero fundirme en el éxtasis de mi cuerpo, amarlo, tocarlo. Quiero enceguecer todas las miradas, cortar los dedos que me señalan. Quiero ser libre, ser el viento y las montañas.
II.
Quiero arrancarme la sociedad de la cara, quiero quedar desnudo frente a los bosques. Contemplando a los animales y al monte. Quiero nadar en los ríos para lavarme la suciedad, la inmundicia. Quiero correr libre, desatar mis pensamientos, dar rienda suelta a mi locura. Quiero fundirme en el éxtasis de mi cuerpo, amarlo, tocarlo. Quiero enceguecer todas las miradas, cortar los dedos que me señalan. Quiero ser libre, ser el viento y las montañas.
martes, 18 de diciembre de 2018
Inspiraciones
I.
A veces me viene la inspiración para escribir en momentos inadecuados, entiéndanse
los mismos a través de la siguiente enumeración:
1.
Estando en la ducha;
2.
Teniendo sexo;
3.
Manejando mi auto en un embotellamiento;
4.
Estrujado entre la gente en un transporte
público;
5.
Mientras vomito en algún callejón perdido por
obra y gracia del alcohol;
6.
En una reunión laboral;
7.
En el cine;
8.
Mientras me afanan en la calle.
II.
Aún siento el aroma de los recuerdos infantiles que me
sobrevienen en las mañanas de estío perfumadas por los tilos. El paisaje del
barrio me transporta inevitablemente y vuelvo a ser inocente sintiendo una
felicidad casi plena. Desconozco mis penurias por un momento, elevándome sobre
las callecitas, sobre las viejas que van de compras (de las cuales cada vez
quedan menos) y veo desde arriba el viejo Sur, con las calles rotas, las casas
despintadas. Suena un bandoneón en un pasillo, y más allá Callejeros. El humo
del asado sale de atrás de una casa. En diciembre los domingos tienen otro
color. He ahí, repentinamente encuentro a mi musa. Sur…
lunes, 3 de diciembre de 2018
Pasillo
Se sienta en el pasillo, cruzado de piernas, postura del
indio, contemplativo. El viento y sus ráfagas asesinan el silencio, dejando un
rumor sostenido y espectral. Las paredes angostas del pasillo, la pintura
descascarada muestra la desnudez del cemento. Al fondo, las plantas, el verde
bailando al compás de la brisa brinda una tétrica melodía natural. Hojas
perennes, flores inmarcesibles adornan el camino de piedras sobre la hierba,
por el cual aparecen alegres las gatas. Colas paradas, miradas rozagantes, paso
ligero. Se avecina la tormenta junto con las felinas, se dirige todo hacia él,
vórtice, punto de fuga, demiurgo de este mundo. Allí, en su pecho, nacen y
mueren las cosas, comienzan y finalizan las líneas que componen el cuadro, el
Todo y la Nada, el Tiempo. ¡Oh, el Universo en tu pecho! Pensamiento hecho
carne, abstracción del Yo materializándose en tu cuerpo. Ese pasillo es tu
vida, estrecha, firme, directa. Un corredor gastado, las gatas jugando, tu
mirada fija en un punto lejano, tu cuerpo inmóvil, atónito. El Instante y una
Eternidad se construyen a tu alrededor en el viejo corredor. El pasado, el
presente y el futuro en tus ojos perdidos. Tu Alma es un mundo.
jueves, 29 de noviembre de 2018
¿Es mi pecho el escenario de cruentas batallas que me hunden
en el desasosiego?
Las soledades se reavivan en las llamas de mis noches,
Los faros de mis angustias que se encienden,
Se despabilan los fulgores de mi turbación en el reposo de
mis penumbras,
Son meras quimeras nocturnas, intrascendentes,
Aunque inquietan las aguas de la existencia,
Cártago descarga su furia en mi cuerpo,
Roma no cae, sucumben los peones,
Las heridas se abren en la tierra,
La sangre baña los campos y se sumerge en el Tíber,
Pírrica victoria de mi alma,
¿Hasta cuándo será?
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