Un camastro, una cinta en el piso, tubos y cables.
Hora de la alimentación. Engulló la comida del tubo, una pasta inodora y marrón, hasta saciarse.
Hora del entrenamiento. Trotó por la cinta del costado unos cuantos minutos, luego flexiones, luego abdominales. Era requerido estar en buena forma física.
Hora de la reproducción. Estímulo automático para depositar el simiente en los tubos especiales.
Hora del reposo. Se volvió a acostar en el camastro, el sueño vino sin demasiado esfuerzo, casi como un automatismo.
No hay un vestigio de placer, de sentimiento ni de abstracción. El cerebro se desacostumbró a pensar.
Las instalaciones eran controladas con minuciosidad para evitar que las enfermedades puedan propagarse, y también para evitar que se despierte esa chispa primal que puede engendrar una rebelión.
Lo que lo controla no es humano.
Humano, palabra en desuso, concepto arcaico, seres anacrónicos.
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