Grabáme la eternidad de tus palabras en mi epitafio,
Gris y marmóreo,
Impertérrito ante las vicisitudes del tiempo,
Que azote el vendaval mi nombre,
Que caigan las hojas mustias sobre mi lecho.
Las hojas verdes de la hiedra húmeda cubren la piedra,
se esconde mi antiguo nombre.
Un visitante taciturno contempla el espectáculo,
naturaleza viva y muerta;
descubre la voraz enredadera,
los feroces eones no borran mi nombre.
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