La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

martes, 23 de septiembre de 2014

I.
    Siempre a la vuelta de la esquina, esperando sentado a que pase caminando la figura de mi angustia para poder irme de la mano con ella. Mirando hacia el fin del callejón, atrás de esa casita el sol se muere, y con él mi dolor, la noche me calma, la luna me acompaña entre tabaco y alcohol.

     Un fárol titila, no sabe si iluminar o si permanecer en penumbra, mientras camino con las manos en los bolsillos, soportando el frío de la noche. El viento me susurra al oído en un idioma que no comprendo, quizás me devela mi destino.

    Las calles nocturas no son para cualquiera, las almas marginadas suelen recorrerlas con euforia e ira, el peligro se asoma en cada esquina, te acompaña en cada paso. Tres disparos suenan de fondo, sigo mi camino, inmutable. Ya no quedan estrellas en el cielo, una densa bruma nos despoja de su belleza.

    La noche me calma, me duerme, me envuelve...

lunes, 8 de septiembre de 2014

Entró a la habitación, encendió las llamas,
la penumbra doblegada, los humos...
La cama está hecha para desarmarse,
el corazón para incendiarse,
la vida para amar...

martes, 12 de agosto de 2014



Irrumpió en la vieja estancia, corroída por el paso del tiempo. Él la recordaba vivaz, alegre y resplandeciente. En su memoria la luz del sol convertía el jardín en un edén. Ahora todo se encontraba gris, pálido, en ruinas. Recorrió con cautela y cierta opresión cada pasillo,  observaba fijamente, nostálgico cada rincón. Sus suaves dedos iban rozando las paredes mientras caminaba, silbaba una lúgubre melodía. Su pasado había quedado enterrado en este viejo edificio. Un maizal seco circundaba la melancólica propiedad otorgando un tono aún más opresor al paisaje. La noche se fundía en el cielo, y una densa niebla comenzó a penetrar en la escena. Miró por la ventana, absorto ante el ominoso paisaje. Luego encendió el hogar a leña en la sala de estar, se sumergió en un viejo y polvoriento sillón que estaba delante del fuego. Su  pasado siempre fue presente. Nunca pudo escaparse de un recuerdo, un momento, un minuto, una historia. La noche prosiguió en silencio mientras la vieja casa se ahogó entre las llamas. Todo quedó hecho cenizas, ni un sólo escombro quedó de pie. Su futuro no era más que su pasado, su pasado eran cenizas.


martes, 29 de julio de 2014

Just a glance, that's enough.


Estoy apoyado en un estante a la vista de todo el público. Estoy a la venta, observo las infinitas corrientes humanas pasar por mi lado, me observan, me levantan, me miran de arriba a abajo, me examinan y me dejan. Soy un producto, estoy en un mercado, en un enorme mercado... Entra por los ojos, la vida les entra por los ojos, pero sin embargo no pueden ver más allá de los ojos, se mueren los ojos en el envase ¿Miradas profundas? ¡Para qué! El mercado no tiene tiempo para esperar una mirada profunda, te presiona, te empuja, y todos ceden ¿Para qué luchar? Soy un producto, estoy a la venta, sin embargo las personas pasan por mi lado y apenas me echan un vistazo despectivo, los productos del estante superior parecen tener más suerte. Soy una imagen, soy algunas líneas sobre un papel, mi profundidad ya ni sé si la poseo, ya ni sé donde está, me olvidé hace mucho tiempo. Soy una foto, una impresión, me miran, me siento examinado ¡No quiero! ¿Nadie puede siquiera fijarse qué hay en mi interior?

miércoles, 4 de junio de 2014

Der Doppelgänger

Me encontré absorto frente a un millón de rostros, todas las miradas apuntaban hacia mí. Caminé entre sus tiesas figuras, inamovibles, sólo sus ojos me seguían. Eléctricos impulsos recorrían mi cuerpo, frías ráfagas de dudas hasta la punta de los pies. Deambulaba silenciosamente, los miraba frente a frente, los rozaba. Una multitud, una adversidad interminable. Tempestades se desataron en el cielo y en la tierra. Solitario camino entre la gente, afrontando mi historia, mi vida. Sinuoso camino hasta el pedregal que se desnudaba al final del cuadro, en la ladera de una colina. Un árbol en la cima, tan solitario como mi alma vagabunda. Hojas secas en primavera. Sentado con su espalda apoyada sobre el tronco, mi doble, mi cuerpo, su doble, mi alma, su doble. Se volteó hacia mí, me miró con displicencia, se levantó y sin decir una palabra me tomó de la mano. Me miro fijo nuevamente, con oscuridad en sus ojos. Luz, resplandor, mi fin.

lunes, 2 de junio de 2014

Mis palabras se transportan por el aire, danzan en el viento junto con alguna hojita seca desprevenida, recorren kilómetros, ciudades, campos, montañas, tambalean al son de las olas en el océano, penetran los mares, se empapan en las tormentas apocalípticas de las profundidades marinas, encuentran la arena, se secan, habitan otros continentes, acarician diferentes etnias, y llegan ahí, al otro lado del mundo, en un confín secreto, aislado, inhóspito, una casita humilde, una ventana empañada, frío, estepa nevada, una cálida chimenea que escupe humo, brasas, un libro sobre la mesa de caoba gastada, tabaco y café, caminan sigilosas por tus hombros, se escabullen temerariamente en tus oídos ¡Te rebanan los pensamientos!

miércoles, 7 de mayo de 2014

Duelo

I.
Lo difícil es aceptar la derrota contra la vida,
lo que sucede simplemente sucede, no hay más remedio contra eso.
Uno lo recibe, ¡De un golpe lo recibe!
Difícil es aceptar que esa vida no existe más, ni existirá.
No hay suelo donde pisar, no hay estructura donde encajar.
No hay mañana, sólo hay ayer. Sólo hay día a día. ¿Cómo sobrevivir día a día?
¿Cómo sobrevivir con lo que nos toca? ¡Si nunca pedimos lo que nos toca!
Uno sigue, soñando sigue...
La esperanza sigue,
de que quizás mañana sea un poco mejor.
Esto es el duelo...

II.
Mi mirada se pierde en el vacío,
los sonidos de fondo,
absorto en un recuerdo
inmóvil, sobre una memoria incognoscible,
indescifrables pensamientos se cruzan,

Me reincorporo, una ráfaga me despierta del trance,
el cigarro se consumió y nunca lo noté,
la ficción de un pasado me extingue la realidad,
¡Brío, alma desgarrada! ¡Brío necesitás!
¡Corazón postrado, no desfallescas! ¡No te acorbades, lánguido propulsor de mis días!