La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

viernes, 16 de noviembre de 2018

El arrabal y el tiempo



Esta mañana del conurbano, a la sombra de un tilo,
Con la lumbre del sol abrasando,
Y las viejas que pasan caminando,
Las viudas del barrio en vilo,

Cuando lejos del arrabal estoy,
Me sobreviene el hastío,
Mi alma carece de brío,
Añorando las calles voy,

El tiempo desanda las esquinas,
Ya algunos rostros se cubrieron de amarguras,
Otras ánimas desaparecieron sus figuras,
Mientras las rosas adornan las lápidas del cercano cementerio con sus espinas,

Hoy me fundo en mis veredas,
Para confundirme en las escenas,
Del barrio viejo circundado por verbenas,
Y por la plazoleta,  me acuesto, sin temor a las púas, en sus rosaledas,

martes, 13 de noviembre de 2018



I.
Hoy contesto y me elevo,
A sórdidas y ciegas morales de traje gris
Hoy me interpelo, me sublevo,
Desde pasillos con poca luz, paredes roídas y cuerpos desnudos,
Hoy a la normalidad me rebelo,
No le temo a las caretas con mohín,
Hoy contesto y me elevo.
II.
Me saco la camisa, la corbata, los pantalones, me acuesto desnudo;
A las manos de otros me entrego, vulnerable;
No ejerzo más el poder, esa máscara repulsiva;
No soy nadie, sólo un cuerpo;
Soy débil frente al placer de unas manos venerables;
¡Apoderate de mí, Lilith, no soy más que una rueda de este engranaje!
III.
¡Ah, luz de nuevo!
Ahora el sosiego, la calle tumultuosa, las gentes, sus caras de prisa;
¡Ay, de mí! Débil alma que camina sin pesadumbre, contempla, observa;
¡Mueran los monstruos de la razón y entréguense al placer!

miércoles, 10 de octubre de 2018

Ave



Estoy abatido, como si hubiera volado alto por las cumbres y hubiera divisado desde el firmamento la destrucción de esta Humanidad.
Estoy herido, como si me hubieran disparado perdigones desde la multitud, como un ave esbelta a la que envidian su libertad.
Estoy  inmóvil como si hubieran atado mis alas en un poste y me hubieran molido a golpes para torturarme por resaltar entre la muchedumbre, por querer asomar la cabeza un poco más alto, por mirar desde arriba sin desdén, sólo por contemplación.
Estoy negado y fuerte como si hubieran querido ablandarme a picana para sacarme  las ideas, para traicionar a un compañero, a un amigo, y yo me hubiera mantenido firme, indemne, íntegro.
A pesar de todo eso estoy vivo, con mis alas, el semblante en alto y el cielo sobre mi cabeza.

jueves, 4 de octubre de 2018

Forma et contentus



Enteógenos, nexos de la conciencia con el plano subyacente. La percepción encriptada, la represión de las subjetividades. Nada más que autómatas, máquinas rutinarias, ordinarias, repetitivas, prestablecidas.
¡Sáquennos de este letargo! Las gafas que abren las puertas al universo desconocido, que nos arrancan de la inanición y nos arrojan a la contemplación activa. Interactuar con las ánimas, con la vida. La amistad es un vergel en esta estepa. La forma condenó al contenido al ostracismo, la forma se apropió de la realidad. El contenido quedó vacío. La cáscara olvidó la sustancia ¡Enteógenos  devuélvannos a la vida!
       [Aspecto                                                        
           Imagen
             Fachada
               Exterior
La luz, incandescencia, real, está oculta tras la forma.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Mudo




No me salen las palabras,
Las tengo atoradas en la garganta,
Como un nudo,
Que me asfixia,
Toso, escupo, balbuceo, grito,
Sólo aire sin sonido,
Estoy mudo, perplejo, atosigado por mi propio absurdo,
Por el desvarío del Tiempo,
Por las cosas que pasan por mi lado y me rozan como una leve brisa,
Que me hiela la sangre y me deja hecho un vagabundo en la existencia,
Todo sucede, como un río que arrasa los cimientos del presente,
Y me encuentro parado, inerte mirándolo, como un autómata,
Inanición venenosa que deviene de este absurdo,
¿Por qué no construir puentes?
¿Por qué no apilar las piedras de estas costas y cambiar el curso del agua?

domingo, 9 de septiembre de 2018

Adrogué


La noche descansa sobre el empedrado que se bifurca como un canal entre las antiguas casonas. Las viejas quintas, los tilos que dejan caer sus ramas, alguna luz tenue en una habitación del fondo, y el tren de medianoche que se retira fantasmal de la estación.
Evoco aquellos recuerdos nocturnos, no tan lejanos, cuando estábamos sentados en la vereda, cerca de las vías, y el tiempo no era otra cosa que los latidos de tu corazón,  y el espacio no era otra cosa que tu inefable cuerpo, como si toda la eternidad estuviera contenida en tu forma. Y así sucedía el cielo, entre la oscuridad y las estrellas, y la claridad celeste del día, entre veredas gastadas y sábanas desacomodadas, entre tu cuerpo y el mío.
La plaza, el palacio municipal, la casa de Borges, nos veían pasear de la mano, disfrutando del aroma de los árboles y las brisas frescas de primavera que se confundían con tu perfume de glicinas, y me rememoraba a una sublime novela de Marechal.
Ahora el viento sacude las hojas, que se recuestan suavemente sobre los adoquines, mientras la desolación de una fría tarde de invierno penetra en mis venas, y busco tu nombre entre las calles. Persigo tu espectro que se me manifiesta en cada esquina, y a su vez se borra como un vago recuerdo, como una figura de cenizas que se esparce por el aire, desvaneciéndose.
Quizás nunca te conocí, o quizás nunca te conoceré, quizás aquellos recuerdos que evoco hayan existido en otro sendero del tiempo, en un camino que nunca tomé por no haberme percatado de la bifurcación de mi existencia.
Y mi propia conciencia se encuentra absorta frente a esa multiplicidad ineludible de realidades, donde en algunas habita tu ser y en otras simplemente es una sombra que se esfuma eternamente.
Con el semblante caviloso sobre mis pasos, continúo mi peregrinación por el adoquinado interminable, bajos los tilos, bajo la noche y sus sombras...


sábado, 1 de septiembre de 2018

Circe


Ecos de la Antigüedad se funden en la lumbre,
Se combinan elíxires enteógenos en sus manos,
La ceremonia de Circe, el Pharmakos;
Alivian, sosiegan el alma, sus pócimas.

Ella y sus ojos de pupilas dilatadas,
Llevan el secreto de la ebriedad pagana,
Su culto aún pervive, en los oscuros caminos de los bosques,
En la intimidad de la natura, entre la humedad vegetal y las setas,

Los hombres perdidos se adentran en los verdes caminos,
Indagando sus misterios, inquiriendo los pasajes perdidos en los viejos papiros,
Erradicar el absurdo de sus frágiles vidas buscan,
En las tersas manos de Circe…