La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

martes, 12 de enero de 2016

Cuando miro para dentro a veces observo un infinito vacío, un abismo insondable. No me encuentro, ni en los calabozos de mi infierno, ni en los jardines de mi cielo. Camino laberintos absurdos, me busco, quiero saber cómo soy, tocar mis manos, abrazarme, reconciliarme. En la vorágine de esta intensa búsqueda pasa la vida, la gente, amores y rencores. Recibo al mundo con mis brazos abiertos ¿Seré yo quien los recibe? ¿Con quién se encuentran cuando me ven, cuando me hablan, cuando me tocan o cuando me besan? ¡Ay de mí en esta búsqueda incansable!
Juro que quiero tomarlos en serio, a mis fantasmas y a mis infiernos. Quiero lanzarlos al vacío, que se pierdan en la eternidad. A veces, no quiero encontrarme porque siento que puedo no gustarme. A veces necesito encontrarme, porque para entregarme primero necesito saber quién soy.
El viento danza en las montañas, en silencio me espero, sentado, contemplando lo sublime. Hay un lugar en el que me encuentro siempre...

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Ese minúsculo pedacito de vida que vagabundea dubitativo por los caminos masivos de Buenos Aires soy yo.  Sí, uno más dentro de ese mar de gente. Miro el piso, me detengo, miro el cielo, ensimismado ¿Qué soy? No soy nadie más, ni nadie menos, soy uno más. Me oprime ser otro más, me oprime ser otro  ¿Qué es esta farsa de actores y roles novelescos? Nadie es, todos intentan ser, me perturba. Sigo y sigo, intento. Actúan, todos actúan, simulan, tratan de vivir una vida. A veces entiendo más a un borracho, a un linyera, que a una persona promedio, aburrida ¿Por qué? Porque considero que la única manera de subsistir en este mundo es olvidando que existe. A veces, y muy de vez en cuando, me irrita la gente, me irrita mi ser. A veces, y muy de vez en cuando su sonrisa me calma, sus abrazos me alivian. Más allá de todo soy otra partecita de materia más, materia, lamentablemente,consciente. A veces sería más fácil no ser consciente de nuestra existencia.
La consciencia es la puerta de entrada de la duda, y la duda es que recibe con los brazos abiertos al tormento. A veces, sólo a veces, desearía sólo dejarme vivir. Estoy encadenado a mi propios pensamientos.
 No, hoy no voy a morir, quizás mañana, quizás nunca, a pesar de todo, quiero existir.

martes, 11 de agosto de 2015

Pompeya

Una tarde gris, después de una espantosa tormenta, volví a ese viejo bar en el barrio de Pompeya. Entré taciturno, pensante y antes de sentarme me dirigí hacia el mozo pidiendole un vaso de cualquier vino. Me puse a pensar en aquel momento, en ese mismo barrio, tres años atrás. Un colectivo partiendo, una mujer, un beso de despedida, imágenes borrosas, la gente pasar, una mirada interminable, el adiós ¿Era esta vida o era otra? ¿Era un invento mío o era realidad? Tan lejano, tan difuso era este recuerdo que ya no podía distinguirlo. Sin embargo no podía parar de atormentarme, no podía dejar de reflexionar sobre ello. Ya no era el recuerdo de una persona, era el recuerdo de una situación, o quizás el recuerdo de un recuerdo. Esa mujer ya no se encontraba individualizada, podía ser cualquiera, cualquier rostro fue el que se perdió entre la gente, cualquier mirada fue la que se sostuvo hasta que me perdí entre los autos, cualquier labios fueron los que me besaron. Ya me costaba pensar en esto como una memoria propia, quizás estaba mezclando inconscientemente elementos de algún cuento, novela o poesía que leí por ahí. No encontraba más remedio que embriagarme en aquél apestoso bar de la Avenida Saenz y sumirme en conjeturas. Saqué un cigarrillo, tenía unas ganas inexplicables de fumar para matar la ansiedad que me producía todo aquello. El ambiente ya estaba inundado en una
suerte de bruma grisácea con un insoportable olor a fritura. No había más que dos personas más, otros dos parroquianos de rostros ajados por el tiempo tan desdichados como yo. Eran las seis de la tarde, la hora de la convulsionada vuelta hacia los barrios del Gran Buenos Aires, y el ruido de los autos y colectivos se hacían sentir como un vago murmullo constante que hasta parecía musical de algún modo. Luego de terminar el vaso de vino, pedí un vaso de ginebra y lo tomé de un trago, me envalentoné y salí hacia el mundo de nuevo. Era opresor aquél momento donde uno tenía que salir de ese bar donde reinaba el pasado y la quietud para entrar nuevamente en la vorágine de la multitud que vive el momento, donde el presente es el demiurgo de cada una de las vidas que pasan por la avenida. Cerré los ojos, me imaginé un rostro del otro lado de la ancha avenida, un rostro que mantenía una mirada impertérrita hacia mí, ignorando la marea de gente. Un golpe me despertó de mi letargo, casi caigo al piso, una persona apurada por tomar un colectivo de la línea 179 me chocó como si fuera un objeto inanimado tirado por Pompeya. Sin darme cuenta cae la noche, un helado invierno en Buenos Aires, y el barrio de Pompeya se convierte en una guerra de la marginalidad. Me tomo un colectivo casi como por inercia, una hora y media de viaje hacia el Conurbano profundo, miro la lluvia que comienza a caer de nuevo a través de los empañados vidrios y me acuerdo de un tango que describía a Pompeya y decía: "Barrio de Tango, Luna y Misterio...". Me quedo dormido y siguen mis preguntas una vez más...

sábado, 11 de julio de 2015

Abro la puerta de mis miedos,
Se desvanece en la entrada mi fortaleza,
Veo pasar  a mi alma inquieta, recorriendo los blancos pasillos,
Sonríe maliciosamente y roza con sus fríos dedos la pared,
Cierro los ojos y me hablan mis pensamientos,
Susurros, voces y una melodía que me oprime,
Soy una árida estepa de norte a sur,
No crece más que vacío en mí…

Se acercan las máscaras del viento y merodean la habitación,
Una ventana rota, un suspiro de una gélida brisa,
Se quiebra mi piel, se quiebra mi ser,
Miro el horizonte,
Ni una gota de agua que calme la sed de mi tierra,
Un grito me aturde, unos ojos me miran,

Se acerca la hora...

miércoles, 17 de junio de 2015

La ciudad no duerme...

La avenida se abre bajo las luces,
la vida se expresa en cada paso,
la Ciudad no duerme,

Los bares respiran nostalgia,
y los viejos edificios guardan un secreto,
la Ciudad no duerme,

En cada plaza hay un amor perdido,
en cada esquina una nueva esperanza,
la Ciudad nunca duerme,

Se extiende Avenida de Mayo frente a mí,
monumental, bella, me conmueve...
La noche es larga y me espera,
una historia, mi historia...

miércoles, 3 de junio de 2015

Retorno

Detrás del espejo, la misma habitación, el mismo día. La secuencia de imágenes se repite eternamente, la secuencia de vidas. Caminos que se vuelven a cruzar, una y otra vez. Caminos que vuelven a separarse, una y otra vez. Irremediable realidad, irremediable eternidad, abismos que nos separan. Entre esta vida y la próxima hay un suspiro de distancia y a la vez una inefable lejanía. Entre tu alma y la mía hay una mirada de distancia, un beso, y a la vez una gélida inmensidad. Las profundidades de los sentimientos, se vuelven a repetir, una y otra vez, contra mí. Irreparable existencia, las esperanzas se desvanecen como el humo. Escalo la montaña de mis pesares, una y otra vez. El único camino es existir.

martes, 2 de junio de 2015

Somos naturaleza consciente de su propia existencia,
Somos un sentido inventado, somos la imaginación de los astros,
No existe nada más ficticio que nuestra propia consciencia,
Creemos ser y no somos,
queremos trascender pero no somos más que un minúsculo accidente en el Universo,
Creamos una historia, una vida, un pasado, un presente y un futuro,
Nos creamos a nosotros mismos y aún no logramos existir más allá de la muerte,
¿Qué somos frente a la inmensidad de una eternidad?