La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

viernes, 14 de abril de 2023

 Un día me arrancaron las verdades y todo fue duda,

La inercia del espíritu frente al tiempo,

La corrupción del cuerpo frente al tiempo,

El espectáculo del horror se develó frente a mis ojos,

El acaecer del día y de la noche,

Las horas muertas se apilaban,

El Absurdo consumiendo al ser,

Las mentes carcomidas por la conciencia,

La vida como una lumbre en la infinidad del Devenir,

Las huellas de la existencia que permanecen en silencio,

Y todo me traía devuelta hacia este instante,

Sentado y con la mirada fija sobre la ventana,

Con la cerveza calentándose en una noche fría,

Con los gatos sentados en una caja observándome,

Con los espejos reflejando mi inexpresión,

Con las luces titilando,

Con las plantas moviéndose con el viento,

Con la quietud de las sombras,

Con la luna tapada por las nubes,

Una noche en este mundo.


martes, 7 de marzo de 2023

 No suelto mi pasado. La constitución del Yo como un montículo de personas con sus llantos y sus risas, como un campo atestado de maniquíes con rostro humano, animados; una habitación repleta de espectros, donde no cabe mi presencia inerme. La historia de mi vida como un cúmulo de disfraces que voy vistiendo, capa tras capa, vida tras vida, ya pesa tanto que no puedo caminar.

No suelto mi pasado. Está vivo en cada célula, cada pedacito diminuto, microscópico, que forma mi cuerpo que empieza a arrugarse. Un libro inabordable que suma hoja tras hoja, letra tras letra, palabra tras palabra; que se sumará a otro tratado del Universo omnisciente como un capítulo más que pasa inadvertido, que pasan por alto, que nadie lee.

No suelto mi pasado. Es la historia de todos y del Todo. Tan relevante como insignificante. No soy más que la sumatoria del polvo del cual nacieron todos, la Tierra, la Natura y los mares. Un fragmento más de la evolución del Todo hacia la Nada, de la Nada hacia el Todo.

No suelto mi pasado. Es angustia, es júbilo, tedio y excitación. Salgo al jardín, agarro un puñado de tierra y me lo meto en la boca, me devoro a mí mismo, a todos, a los vivos y a los muertos. Degluto los árboles, las plantas, los huesos, la carne. Degluto mi pasado como un Uróboro porque hoy es ayer y mañana. Todo sucede para siempre.

viernes, 20 de enero de 2023

 Observo mi rostro frente al espejo y veo mi versión femenina: Tiresias. Dualidad de mi ser, mi cuerpo frágil de hombre, el paso del tiempo sobre mi piel como un viento que erosiona cada día más los pliegues de las montañas. Dualidad que transforma en un absoluto mi existencia frente al devenir. Me transformo día a día, dejando la piel arrancada en el piso, dejando historias y memorias. No me reconocen ahora con mi voz más suave, mis dulces curvas, mi boca exótica y ancha, mis ojos delineados frente al mundo.

Cuando era chico mis hermanos siempre bromeaban con que debía ser una nena, mis padres buscaban una niña y todo indicaba que así sería; sin embargo nací, débil, sietemesino, ínfimo, casi moribundo. Yo, el nudo de todas las contradicciones, con la confusión en la sangre, exhalando culpas por haber nacido, con el peso de existir una y otra vez.

Si todo fuera tan simple no me encontraría escribiendo en este papel

viernes, 30 de diciembre de 2022

 

Soliloquio eterno se desparrama por cada centímetro del cuerpo,

 como si cada célula entonase al unísono la misma melodía de una canción de protesta contra sí misma.

Exhausto de sentimientos, me saco el traje de lo que fui, 

desnudo, casi exánime y desorientado en una encrucijada.

Imágenes que confunden la visión,

 los senderos oscuros del devenir. 

Me entrego por completo al perfume dionisíaco de esta galería límbica como si el canto de una sirena me nublase la vista una vez más 

¿Iré hacia el vacío que se extiende más allá de las barrancas o hacia la frondosa foresta bañada de la luz áurea?

lunes, 31 de octubre de 2022

 Naxos nos espera, otra vuelta;

Conduciendo por las montañas, visualizando el Egeo.

Tu sonrisa, tu felicidad, mi felicidad.

Nadando desnudos en las aguas ancestrales.

Tirados al atardecer en la Puerta de Apolo.

Fui feliz, tuve vida, tuve futuro y destino.

Parto con el dolor de todo, de las despedidas, de lo inevitable de la locura intrínseca de la destrucción;

Con mi rezo, mi pluma y mi canto ruego que las Moiras entrelacen nuevamente nuestros hilos.

 No hay nada que no esté dicho, sobran las palabras y hay noches que ininteligibles. Después del vino fue sexo metafísico, trascendiendo el tiempo y el espacio. La habitación que no era, el fuego que parecía eterno, entrelazamiento cuántico pasajero. Nada es eterno, todo finalmente deviene, cae por su propio peso, por la ladera del absurdo, de lo que ignoramos, lo que no entendemos, de lo inasible. Perdimos nuestras vidas por un instante, con su realidad uniforme, racional, tangible. Nos envolvimos en un uróboro, ciclos eternos de vida y muerte, pequeñas muertes que nos estremecían. Las pupilas dilatadas, las piernas convulsionadas, la casa que se caía por el temblor, el sismo del vórtice que se abrió y nos tragó para luego escupirnos en la siempre gris realidad del día y de la noche, de los cuerpos, de lo físico, de lo que envejece, se marchita y muere. Lo eterno no existe salvo los momentos que, como reza el epitafio de Keats, se escriben en el agua. Infinitos, inmarcesibles, perennes, incesantes, así son las memorias que se guardan en los cuerpos, los muros y la tierra; que se transforman en mitos, en historias, en espíritus del mundo, en palabras de boca en boca, en leyendas ¿Quién dice que no existieron dos amantes en Transoxiana que se unieron en lo esotérico de un sexo espiritual y su leyenda se inscribió en las paredes de los templos zoroástricos del fuego; transmitiéndose así de generación en generación como un Mito del poder de esa unión?

lunes, 3 de octubre de 2022

 Yo, Nathanael

‘’ Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
de decreto divino que anuncia que soy presa’’

John Keats

Entre los gatos y los setos del Cementerio Protestante de Roma, bajo una lluvia fina, fue la última vez que la vi. Caminábamos a la par, aún felices, aún en sueños con la realidad ajena. Nuestras alas de humo desaparecerían, nuestro amor caería como Ícaro luego de acercarse demasiado al Sol. Heroína de mis días, idolatría sublime que aún me pesa, mientras me hundo en el lecho de las oscuridades de los pantanos.

 ¿Qué cruel Coppelius ha metido a una Olimpia en mi camino? Perdido en unos ojos sin vida, sin profundidad he perdido el amor de mi Clara. Como un loco bailo en los círculos de fuego, danzo desnudo en el ritual abrazándome a Azazel, enfermo de lujuria.

Tu nombre quedará escrito en el agua de mis mares, eterno, impertérrito y puro.

Mi nombre se desvanecerá como lo escrito en la arena, y aún así quedarán mis palabras anónimas, como el único elemento puro de mi alma.