La finalidad de la poesía es lograr la empatía entre el escritor y el lector

miércoles, 6 de noviembre de 2019




¡ Mise-en-scène, mesdames, messieurs et autres!

Así es esta ciudad en el Cuarto Círculo del Infierno Dantesco,

Caronte del Riachuelo, inmerso en la podredumbre existencial,

Una escena teatral, una escena grotesca, el esperpento de lo cotidiano,

Me descostillo de risa con el fierro en la cabeza,

Hoy, ayer y siempre,

Se me caen los ojos en el escritorio y giran sobre los papeles,

Se me caen los brazos en la avenida de esperar a alguien que me reciba,

Se me caen las piernas de correr huyendo de los iracundos,

Virgilio, dejáme acá, el alma no puede soportar más estas muecas falsas.

Y el Tiempo es como un Espiral que me aleja cada vez más de mi Niñez,

Que me desgasta los huesos y la piel,

Que me arroja al Hades profundo.

Niñez impoluta.

Niñez de creación.

jueves, 24 de octubre de 2019

Resuena un tango por la tarde,
En la calle Esmeralda iluminada,
Mientras camina la musa despechada,
Cuyo corazón desnudo arde.
Buenos Aires envuelta en una inefable                                                                             [bruma
El poeta ve a la rubia desde su             [buhardilla y la describe con su pluma.

Hay historias por doquier en las callecitas                                                                [del centro,
Linyeras, vagos y malandras de otra vida,
No hay nadie que compasión a Dios no le                                                                            [pida,
En esta tierra devastada puertas adentro.
El silencio nocturno llega y la mujer                                                                             [desespera
Arribando a Corrientes la                                                                                        [multitud se aglomera.

Entre los edificios y la gente lo busca,
En esta urbe del desencuentro,
Y el bandoneón suena como si                                               [saliera de su epicentro.
El desconsuelo le arrebata el alma y al                                                [corazón lleva la fusca.
Un disparo se oye entre el gentío,
Mientras la ciudad se duerme en otra                                                                [noche de estío.

No nos olvidamos del poeta,
Que escribe de amores porteños y perdidos,
En su pequeño departamento y con los                                                           [sueños abatidos.
Escucha el disparo, los gritos y despega                                                            [como una saeta.
Al bajar a la calle y ver la escena se                                                                           [estremece,
Al ver que su desidia atormentó a quien                                            [sobre el cordón perece.

jueves, 17 de octubre de 2019

Llueve y no para. Mi cuerpo se moja, mi rostro, mi cabello, mis labios. Soy un objeto mojado más entre los charcos de Retiro, entre la gente correteando y los paqueros de la Plaza Canadá. No se ve nada, una cortina de agua me tapa la belleza del Kavannagh. La lluvia me sumerge en recuerdos como si bebiera un elixir memorioso. Cierro los ojos, me dejo empapar por un instante. Los abro nuevamente, observo a mi alrededor y me encuentro en otro lugar ¿Qué carajos hago en Le Marais? Llueve, la lluvia moja igual, las personas buscan refugio de igual manera. Yo camino sereno, imperturbable, apreciando Les Halles a mi izquierda, mirando los hermosos edificios de París. Entre avenidas, boulevares, llené mis ojos de imágenes, de rostros internacionales. Me embriagué con el aroma de las pâtisserie. Me perdí mil veces sin darle demasiada importancia, vagué kilómetros hasta el Sacre Coeur y en sus escalinatas contemplé el horizonte de la Ciudad de las Luces. Cerré los ojos bajo la lluvia y luego de unos segundos los abrí. El edificio estilo inglés del Ex Ferrocarril Central Córdoba se abría ante mí, la 31 costeando Ramos Mejía. La lluvia no para y moja a todos por igual.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Viaje en tren


Desde el tren veo las casas despintadas,
Las cúpulas de las iglesias del barrio de Barracas;
El empedrado pasa, el tren corre como el agua de un río,
Apoyado contra las puertas (aunque los carteles me advierten que no lo haga);
 Miro la ventana, el Riachuelo, su olor, las casillas cerca del viejo Puente Bosch;
En el andén de las bicicletas las caras cansadas del laburo,
Se siente la crisis en los rostros, se desnuda en las miradas;
Llegando a Gerli los vagones abandonados empiezan a llenar el paisaje,
Cerca de los Siete Puentes unos hombres corren por los altos pastizales para alcanzar el tren,
La tranquilidad de la estación se rompe por una corrida y unos gritos,
Las puertas abiertas, un celular, un distraído, una avivada de un punga,
Lanús, los edificios, el quilombo, un telo frente a las vías, se suben vendedores,
Otro puente, los viejos talleres de principio del siglo XX, pintadas,
El Barrio Inglés en el fondo;
Tanta vida tan pasada, tan antigua,
El esplendor de una época visto desde una ventana del tren,
Las estaciones estilo Tudor, una película en blanco y negro,
Los obreros, las fábricas y sus chimeneas, los inmigrantes,
Mi parada, mi estación, Remedios de Escalada.

martes, 30 de julio de 2019

Père-Lachaise


Las hojas danzan suavemente sobre los caminos de piedra y caen sobre las tumbas. El cielo se cubre de ramas desnudas, el aire parisino y el ruido de la ciudad de fondo como una canción. La ciudad de los muertos que yace en el Este. Los senderos se pierden entre la vegetación y las sepulturas. Mausoleos monumentales, huesos famosos, sólo huesos y tierra, sólo mármoles y polvo. El aire siempre es fresco en el Père-Lachaise, es el refugio de las sombras, es la puerta hacia el pasado. Aún escucho “Non, Je Ne Regrette Rien” de Edith Piaf perderse entre el sonido del viento mientras veo fugazmente la figura de Jean Baptiste Poquelin con su andar gracioso esconderse tras un seto. Vos y yo, caminantes diurnos y solitarios, con el mate y el termo bajo el brazo en un día de calor sofocante que el cementerio esquiva. Vos, mujer, y yo, espectro, sentado entre las tumbas, emocionándonos hasta las lágrimas contemplando el lecho donde descansan Abelardo y Eloísa ¡Ah, desgraciados amantes yacen juntos por fin en la eternidad! Al igual que tantos yacen aquí; bajo el mehir, Apollinaire; bajo un gran busto entre los árboles, Balzac, disfrutando la música de Chopin tres metros bajo tierra. Un caso interesante es el de Allan Kardec, fundador del espiritismo, quizás siguiendo su método pueda comunicarme con él, observando fijamente su tumba. Un monumento cautivó sorpresivamente mi atención, mi sangre se heló y quedé absorto frente a él. Un rectángulo de cemento y bronce de gran tamaño, con una figura humana apoyada encima, un pintor. En su pared se hallaba tallada en bronce una escena de un cuadro que había visto en el Louvre, del cual me había comprado una pequeña postal, ya que era uno de los que más me había gustado. En tonos oscuros, una balsa repleta de cadáveres y personas agonizando, un naufragio, un mar violento con altas olas y un firmamento aún amenazante. La naturaleza encarnizándose con el hombre, llevándolo hacia su ruina, mostrándole su ferocidad. Un cuadro del romanticismo en tonos pardos. Resolví nerviosamente buscar en mi mochila esta postal, así la saqué torpemente y leí la inscripción que tenía en su parte posterior “La balsa de la Medusa de Théodore Géricault. Procedí a observar el mencionado monumento, la tumba de Géricault, él sentado cómodamente sobre su obra, sosteniendo una paleta y un pincel, mirando plácidamente a los caminantes con su boina y su barba. Los secretos de París, los misterios del Père Lachaise, sus lomadas, sus jardines, sus árboles y las hojas secas en el piso, su frescura matinal en el estío. Seguí mi camino conmovido, conectado con el pintor, agradecido de las casualidades o causalidades de este cosmos inexplicable ¡Ay, compañera! ¿Por qué no puedo, acaso, pasar todas mis mañanas recorriendo el eterno cementerio? Las tiendas del Boulevard Ménilmontant, los puestos callejeros de discos y libros antiguos, los cafés me invitan a seguir caminando en la Ciudad de la Luz, una y otra vez. Sentir los aires de libertad en cada recoveco.

lunes, 22 de julio de 2019



El despertador suena demasiado temprano, ni un atisbo de luz solar se filtra por la habitación. Las gatas remolonean sobre los pies, invitan a seguir el sueño. Día tras día, la ropa de trabajo, una ducha, unos sorbos rápidos de mate y salir a la calle, desolada, sombría, peligrosa. Un colectivo lleno, un vagón de tren repleto de semblantes dormidos, repletos de hastío. La estación terminal desbordada, un conglomerado humano sin fin, el sistema funcionando, el sistema organizado, la estupidez organizada ¿Qué pensar cuando se cae en la cuenta que solamente es esto la vida? El trabajo, la oficina, los talleres, el Microcentro atestado, los horarios y los jefes, los edificios que cubren el cielo. Una y otra vez, el dinero, el intercambio, el mercado, el Dólar subiendo, el Dólar bajando, el Dólar caminando, el Dólar hablando, el Dólar gobernando.
El hombre vuelve de la jornada relativamente temprano, lo que pasa en el trabajo no vale la pena contarlo, la monotonía gris de un edificio sin ventanas, de una jaula moderna llamada oficina. La calidez de entrar nuevamente en el barrio, de saludar a los vecinos, a los viejos en el bar de la esquina, a los amigos que pueblan las veredas con la birra. Ver de nuevo a los amores, a la compañera, a las gatas, a la familia, y sentir que el mundo es algo más, que no es todo lo mismo, que aún hay aire, cielo y tierra por mirar.
Aún así el tedio persiste, pensamientos del absurdo, pensamientos de la nada ¿Qué carajo es todo esto si al final todos nos vamos al carajo? Si al final terminamos en la tierra, si al final nos tragan los gusanos, si al final el olvido no perdona. Ahí viene la imagen de la bala en la cabeza, de la pared llena de sangre; ahí viene la imagen de las vías del tren y del cuerpo destrozado; ahí viene la imagen de la soga en el cuello, del cuerpo colgando; ahí viene la imagen y las lágrimas brotan, y recorren las mejillas, y se traga un fondo blanco de un vaso de cerveza. Los pensamientos, al fin, son sólo pensamientos.
El corazón llena de sangre el cuerpo, sangre que busca pasión para destrozar el tedio. El cuerpo como unidad, como hogar, el cuerpo como prisión, como jaula que oprime desde cada fibra. La fisiología de la materia hostigando a la fisiología del espíritu. El corazón que va más allá del cuerpo, que resuena en cada hueco de la habitación, los latidos constantes, la vida se siente en las manos, en los pies, en el dolor de golpearse un dedo contra las patas de la cama, de agarrarse un dedo contra la puerta, de una despedida eterna o de un desamor. El dolor y el cuerpo, el dolor que nos hace saber que tenemos cuerpo y que tenemos alma, que las lágrimas brotan incontrolables, que llenan ríos y mares, que el océano no es otra cosa que nuestro dolor, pero que también es el asiento de nuestra calma. El dolor de no controlar el cuerpo ni el alma, de encontrarnos indefensos ante nuestra inmensidad y la eternidad del universo, que no sabemos bien qué carajo es y hace miles de años que nos preguntamos lo mismo mirando el mismo mar, la misma tormenta, el agua. El agua calma, el agua sana. El agua de nuestro cuerpo, nuestros fluidos, nuestra esencia fresca.
La cama nuevamente, sentir el cuerpo nuevamente, ver las paredes de la habitación nuevamente, sonreír por estar vivo, por haber vuelto en sí, aunque habiendo perdido una partecita de algo, que se esfumó en el viaje, en algún lugar. El sueño placentero. Todo comienza de nuevo.

domingo, 2 de junio de 2019

Mismo



Me detengo siempre en la misma página,
De la misma novela
De la misma historia.
Me despierto siempre a la misma hora,
En la misma cama
En la misma casa.
Me acuesto siempre sobre el mismo césped,
Sobre el mismo parque
Sobre la misma avenida.
Sueño siempre con los mismos rostros,
Del mismo país
Del mismo mundo,
                               Del
                                               Mismo
                                                               Cuerpo
                                                                              Frágil.