Mirá esos caminos de tierra, repletos de hojarasca, que se pierden en el follaje. Te llevan a destinos inciertos, lugares inhóspitos de belleza agreste. La áurea luz casi no penetra en esas estancias, y el repentino graznido de un cuervo te estremece; su vuelo rompe la precoz noche y te guía hasta el final. Tu voz resuena como un eco, tu rostro se refleja en el espejo.
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